26/1/09

CHICLAYO


23 de enero - 24 de enero de 2009

No creáis que ha sido fácil recordar el nomble de esta ciudad. Cada vez que debía nombrarlo tenía que revisar mi biblia (por supuesto, la estimadísima Lonely Planet, que espero no perder); pero ahora, después de estar allí unos días, ya no resulta tan difícil. Lo cierto es que he agradecido un cambio de aires y volver a una zona donde el escaneo de sus miradas no es para averiguar las pertenencias de tus bolsillos. La ciudad en sí no tiene absolutamente nada de especial, la siempre plaza central donde se ubica la catedral, un parque y la mayoría de los bancos y un sinfín de taxis amarillos que parecen huevos y que por 2 soles te llevan al fin del mundo.

Las excursiones diarias se resumieron en las pirámides moches y chimúes (las del bosque de Pomac no pudimos visitarlas porque estaban en batallas campales los campesinos con la policia por temas de expropiaciones, con muertos incluidos) y a sus impresionantes museos (Sicán -donde no se podían sacar fotos- y Sipán); ya que por mucho que se ofrecieron a llevarme a la playa no me parecieron demasiado atractivas (ni las playas ni las ofertas -las de Máncora parecen bastante mejor pero quedan muy lejos-). Allí conocí a Alberto (de Lima pero de padre argentino) que se está tomando un año de viajes pero a un ritmo bastante diferente. Fue interesante conocer su opinión sobre la cultura peruana y su opinión sobre el retraso del desarrollo del país.

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