5/1/09

EL NORTE DE CHILE EN UN FLAMANTE FIAT UNO BLANCO



29 de diciembre 2008 - 7 de enero de 2009

Han pasado muchos días desde mi partida de La Serena. Pero una de las ventajas o/e inconvenientes de tener coche es que pasas más tiempo en los campings, parques naturales ..., pero muy especialmente, en la carretera.

En realidad, no tengo demasiado a decir, ya que es difícil con palabras (al menos para mí) describir las emociones, los colores, las vivencias, la alegría..... todo los sentimientos que fluyen al observar ciertas maravillas de la naturaleza. Aunque sí recomiendo encarecidamente que, aunque ha sido una experiencia nueva y excitante, se vaya en avión hasta San Pedro de Atacama. ¡Qué a nadie se le ocurra realizar 2100 km en coche (un trayecto)! Es cierto que de esta manera puedes hacer camping en sitios como El Parque Pan de Azúcar (¡una maravilla!) ó visitar el Valle de la Luna en completa soledad, y sólo por ello ha valido la pena la paliza de conducir que me he pegado. Sin embargo, Antofagasta y sus alrededores son, en palabras dulces, como la película Waterworld (de Kevin Costner), un lugar de acero y oscuro que deprime al pasar. Menos mal que ya he vuelto a la provincia de La Serena que, aunque no es Chiloé, al menos, las playas no son negras.

De todas formas el próximo día escribiré mi recorrido para dejar constancia de los sitios visitados y las recomendaciones personales, por si acaso se os ocurre visitar este país desconocido que es Chile.

29 de diciembre de 2008

Desde La Serena (Norte Chico) a las 16:30 horas del 29 de diciembre de 2008 conducí directamente hasta el valle de Huasco: pasando por Vallenar, Freirina y finalizando el día en Huasco. La primera idea fue pararme en la Reserva Pingüino de Humboldt pero por la hora que era cuando llegué pensé que sería mejor realizar la visita por la mañana, así que lo dejé para la vuelta. Lo cierto, es que dormir en Huasco fue como volver atrás en el tiempo.... esas locomotoras llenas de carbón que pasaban intermitentemente con su sonoro silbato por el centro del pueblo te hacían pensar que estabas en otro mundo... ¡qué lastima que no pudiera inmortalizarlo en una foto!

30 de diciembre de 2008

Al día siguiente después de un paseo por la playa y desayunar abundantemente, volví a embarcarme en las carreteras de Chile, esta vez, dirección a Copiapó. La ciudad, un caos, llena de avenidas y circunvalaciones que consiguieron sacarme de quicio por lo que decidí marchar directamente a Bahía Inglesa (en realidad, la primera idea era visitar el Parque Nevado Tres Cruces pero no fuí capaz de encontrar el camino de ripio que llevaba hasta allí y ahora me alegro de ello pero ya os contaré más tarde porqué).

Bahía Inglesa y Caldera resultaron ser turísticas pero cuidadas y con construcciones bajas, por lo que era muy agradable pasear por el puerto, la plaza central ó el paseo de Bahía Blanca. Pero decidí no quedarme a pernoctar allí y tras visitar el Santuario de la Naturaleza Granito Orbicular seguí hasta el Parque Nacional Pan de Azúcar donde decidí pasar la noche en el camping delante de la playa en mi super coche blanco (en ese momento el color estaba cambiando a crema). Es, junto al Parque de los Alerces en Argentina, el Parque que más me ha gustado, aunque son completamente diferentes (quizás sea por eso). Las playas de arena blanca que contrastaban con el azul intenso del Pacífico y los cerros policromados hacían del paisaje un mundo fantástico y, lo mejor de todo, era que prácticamente no había nadie. Fue una noche soñada, a la luz de la luna y bajo el cielo estrellado... pero como todo no podía ser perfecto, con un dolor de espalda que aún hoy recuerdo.








31 de diciembre de 2008

Y al día siguiente, con un olor a muerto, y un dolor de espalda intenso puse camino hacia Norte Grande. Considerando que no había agua caliente y que iba a pasar todo el día en el coche decidí que ya me ducharía al llegar a San Pedro, pero no llegué. Tras visitar la Mano del Desierto y La Portada de Antofagasta (quizás haya algo más que visitar allá pero aparentemente yo no supe encontrar ningún atractivo a la ciudad) me dirigí hacia Mejillones, la única zona costera de la Región que se salva un poco, aunque definitivamente no vale la pena ni acercarse, a no ser, que se quiera ver localidades tristes y oscuras, con rocas de color cobre y un aroma a contaminación que no deja respirar. Pero llevaba muchas horas conduciendo así que finalmente aunque Calama dejaba bastante que desear, decidí quedarme a dormir y, como era fin de año decidí ir al Hotel más caro de Calama, con toallas limpias, TV por cable, un baño individual con agua caliente y una cama de matrimonio para mí sola. Creo que no podía haber pasado un mejor fin de año que ése. Al día siguiente me sentía como nueva y, el precio de cualquier cena en fecha tan señalada lo había gastado únicamente en el alojamiento. ¡Empecé el año limpia y a dieta!

1 de enero de 2009

Y finalmente, llegué a San Pedro de Atacama. Nunca hubiera imaginado que el Valle de la Luna iba a visitarlo yo sola en mi coche; ya por entonces, de color marrón. ¡Qué paisajes y qué tranquilidad! El pueblo resultó ser de lo más pintoresco, con sus casitas bajas de adobe (como las de la Aldea de Tulor - el pueblo más antiguo de la región -) y sus calles de tierra, pero era encantador.









Por la tarde decidí que iría a ver los Géiseres El Tatio pero de camino hacía allí (por supuesto, camino de ripio) encontré las Termas de Puritama y, aprovechando que llevaba el bikini aproveché para echar un vistazo. Allí conocí a Teresa y Leo - una pareja chilena de Arica que vivían en Toconao y trabajaban en las minas de la zona (como la mayoría de chilenos) - que se ofrecieron a bajarme en coche hasta la base de las Termas (¡deberíais haber visto el camino!) Estuvimos hablando, disfrutando de las aguas termales y al final, me invitaron a tomar con ellos en la furgoneta un piscolabis de papas fritas y coca-cola. ¡Fue el final de un día perfecto, ya que me recomendaron que no fuera con mi coche hasta los géiseres y, sólo se pueden visitar a las 5 de la madrugada! Así que me dirigí al pueblo para buscar donde dormir, finalmente me alojé en el Hostal Sonchek donde conocí a Juan Luis que se ofreció para hacerme de guía. ¡Estaba encantada!

2 de enero de 2009

Al día siguiente debía levantarme pronto para visitar las lagunas Miscanti y Miñiques a 220 km de San Pedro por un espeluznante camino de ripio. Finalmente llegué y tomé muchas fotos para dejar constancia de ello ya que no volveré nunca más. El principal problema fue que, a pesar de levantarme pronto, no sirvió de nada ya que, ya imaginaréis mi sorpresa cuando vi que la rueda izquierda del auto estaba pinchada. ¡Toda la mañana para encauchar la rueda! Por lo que fue un día muy largo y agotador, visitando lagunas, reserva de flamencos, las últimas ruinas del s. XII y el pueblo de Peine. Llegué de vuelta a San Pedro más marrón que mi coche a las tantas de la noche, pero sabiendo que había hecho el objetivo del día. Fui a tomar algo con Antonio, pero volví más rápido que corriendo cuando empezó a ponerse cariñoso. ¡Qué susto!




3 de enero de 2009

Estaba decidida a regresar hacia La Serena ese mismo día, pero no sin antes quedar con Juan Luis para que me enseñara Los Ojos de Salado y el Salar Chiliques. Fue muy divertido y me encantó: me bañé en agua salada (como en el mar muerto), siendo imposible sumergirse; tomé un baño de barro, dejándome la piel fina y me sumergí en una balsa que en una situación normal me hubiera negado,pero debía quitarme esa capa marrón de fango blanco que llevaba. ¡Y lo mejor de todo es que por un día, no tuve que conducir! Pasaron las horas muy rápido y como se hizo tarde para la partida, fuimos a ver la puesta de sol sobre una de las numerosas quebradas del desierto, lo único que en ningún momento llegó a poder considerarse romántico, por la gran cantidad de gente que había. Fue un día agradable y tranquilo ya que él en ningún momento intentó ir más allá (sólo lo insinuó) y yo, no estaba por la labor.


4 de enero de 2009

Como no podía dormir (supongo por la gran cantidad de coca-cola que tomamos en la cena) decidí aprovechar para poner camino hacia el Sur. Fue muy bien porque a pesar del gran número de kilómetros que debía realizar, pasó muy rápido. Pasé por Taltal (la playa estaba descuidada y sucia, y los buitres hacían el festín con un león marino muerto) donde comí un delicioso congrio a la plancha y regresé al Parque Pan de Azúcar, pero esta vez no me quedé. Como ya habían iniciado las vacaciones los chilenos el camping estaba lleno, y la bonita imagen que tenía de la primera vez, no quería sustituirla. Descanse en la única playa vacía que había (después de caminar por la arena durante 20 minutos para llegar a la orilla) y al rato regresé a Caldera donde permanecí para dormir allá.

5 de enero de 2009

Al día siguiente, tras dormir en el coche al no encontrar alojamiento en el pueblo, me dirigí hacia Copiapó para visitar el Parque Nevado Tres Cruces, pero esta vez fui directamente a información para que me indicaran el camino. Cuando me dijeron que debía conducir durante 4 horas por camino de ripio sólo para llegar, se me quitaron las ganas de golpe y, cómo aún no habían llegado los turistas las agencias no hacían la excursión. Así que rechacé la idea y seguí conduciendo hacia el Parque Nacional Pingüino de Humboldt; a medio camino de entrar por el desvío ví dos chavales (de 19 años aprox que me recordaron a mis primos) haciendo auto-stop y, como hacía un calor insoportable decidí llevarlos en el coche. Así pués al llegar allí después de 1 hora de conducir por ripio llegamos al pintoresco puerto donde nos embarcamos en una mini barca que tras la visita turística a la Isla de las Damas (viendo pingüinos, por supuesto, leones marinos, cormoranes y delfines, entre otros) nos acercó a una paradisíaca playa de arena blanca. Estuvimos allí hasta el final de la tarde que volvimos a puerto para volver a La Serena. Los dejé en la ciudad, pero no sin antes guiarme para ir a El Valle de Elqui (último destino de mi viaje por el norte). Llegué por la noche por lo que no pude ver gran cosa del paisaje.


6 de enero de 2009

El Valle de Elqui y sus alrededores resultaron ser maravillosos. No sé si es porqué necesitaba volver a ver el verde de los árboles o qué, pero me pareció un valle precioso (mejor que el de Huasco, bajo mi modesto punto de vista). Recorrí todos los pueblecitos de la zona (Pisco Elqui, Monte Verde, ....), hice un tour de pisco por el valle y visité el Museo de Gabriela Mistral de Vicuña (un poco latoso pero correcto para conocer algo más de esta poeta chilena). Y por la tarde... un delicioso baño en la piscina del hospedaje, ¡qué bien me sentó!. Por la noche intenté ir al Observatorio Cerro Mamalluca, pero cuando vi que llegaba un colegio de 60 alumnos decidí desistir y me volví sobre mis pasos hacia el hospedaje. Al día siguiente quería acabar de visitar la zona y no tenía ganas de aguantar chorradas de adolescentes.

7 de enero de 2009

Por la mañana tras desayunar y hablar un rato con mis compañeros de la casa me dirigí hacia Ovalle; la intención era visitar el Valle del Encanto para ver petroglifos y pictogramas, pero como El Parque Nacional Fray Jorge apareció antes, decidí tomar ese camino. Resultó ser un bosque verde rodeado de cerros llenos de cactus y próximo al mar. Donde la camanchaca (manto de nubes húmedo que tapa completamente el bosque) se cernía sobre nuestras cabezas sigilosamente. El camino de llegada había sido tan malo, que había pasado toda la mañana para llegar al parque, así que sin tiempo de nada más, volví a La Serena, donde debía devolver el coche, sano y salvo.











































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