2/12/08

VALDIVIA

1 de diciembre de 2008

Mi llegada a Valdivia fue como un soplo de aire fresco. Necesitaba un cambio de ritmo en el viaje, tanta naturaleza y tranquilidad me estaba sumiendo en la más profunda de las melancolías, ya sólo me quedaba dedicarme a la composición. Menos mal, que la tranquila pero estimulante ciudad universitaria sirvió para dedicarme a actividades más sociales y culturales. Allí conocí a Suzanne de Irlanda con la que compartí unas deliciosas birras a la luz de las estrellas en nuestro jardín del Hostel. Y conocí a Ingrid de Ecuador con la que me fui de excursión a ver lo que quedaba de las fortalezas españolas del siglo XVII. Pasear por el puerto y ver como en el mercado fluvial comían los leones marinos era toda una nueva experiencia, y empañarme un poco de la cultura mapuche y la invasión española, holandesa e inglesa significó volver a la historia. Por todo ello, me llevo un buen recuerdo de esa pequeña ciudad, en la que, simplemente, pasear por sus calles ya es un placer.

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