22/2/09

CUZCO






17 de febrero - 19 de febrero de 2009

La ciudad de Cuzco es maravillosa, tiene algo especial que te obliga a permanecer días y días paseando y disfrutando de sus espectáculares edificios, callejuelas y ambientes. El primer día apenas vi nada, ya que era tan tarde que me fui directamente al hostal que me ofrecieron en la Terminal Terrestre; pero al día siguiente, con esa agradable altitud de 3.500 metros sobre el nivel del mar y sus numerosas tiendas, museos, restaurantes, agencias turísticas, vendedores ambulantes, ..... y el sinfín de ruinas inkas que te envuelven en un sueño de bienestar que haría que no marcharas nunca. Así que pasé varios días disfrutando de la ciudad y, por supuesto, de las tiendas (donde me he vuelto una experta de la negociación. Lo peor es que ahora iré cargada con una mantelería familiar bordada a mano por 40 soles, es decir, 10 euros, una manta de alpaca baby por 45 soles, una esfera de 1,5 kg de Lapizlazu -una preciosa gema azul típica de Chile (¡tenía que ser de allí!)-que representa mi vuelta al mundo por 20 soles y, por supuesto, no podían faltar los anillos de plata con grabados a mano y piedras semi-preciosas (65 soles los dos). ¡Una ruina!).


Al día siguiente tomé el tour por la ciudad y alrededores de Cuzco, visitando el Monasterio de Santo Domingo con algunos de los templos Inkas en su interior (¡muy curioso!) y; a las afueras de la ciudad, las ruinas de Sacsahuamán (que es la cabeza de la representación del Puma que es Cuzco), Pukapukara, Q'enqo (lugar astronómico y representación de los tres mundos: el subterráneo, el terrestre y el cielo) y las fuentes de la eterna juventud (Tambomachay), que aproveché para rociarme la cara por si acaso servía de algo.

El día antes de mi partida hacia El Valle Sagrado y Machu Picchu quedé con Rebecca (la otra chica australiana del trekking de Colca) para cenar. Nos pusimos al día de nuestras respectivas experiencias y cenamos un delicioso pajarrete (pez blanco del Titicaca) a la plancha; paseamos por el barrio San Blas (ya que era donde estaban nuestros respectivos hostales), tomamos un pisco sour y cuando ya nos despedíamos... vi a Pablo (francés con quién compartí el taxi desde el aeropuerto de Arequipa al centro) que había salido a escuchar la música en vivo de la Plaza mientras fumaba un cigarro. Al día siguiente Pablo también marchaba para visitar los mismos lugares, así que supimos que nos encontraríamos por ahí, pero tanto Bec como yo nos despedíamos sabiendo que ya no nos volveríamos a ver.

No hay comentarios: