22/2/09

MACHU PICCHU Y EL VALLE SAGRADO




20 de febrero - 21 de febrero de 2009

La excursión por El Valle Sagrado estuvo bien pero nada comparado con las impresionantes vistas desde el Waynapichu de la impresionante ciudadela del Machu Picchu. Así y todo las ruinas de Pisac y Ollantaytambo bien se merecen una visita porque son igualmente impresionantes y el entorno en el Valle es precioso con sus colores verdes y azul.



Sin embargo, el Machu Picchu se ha ganado el nombramiento de Maravilla del Mundo por su mística ubicación y conservación de una civilización similar a la romana. Valía la pena levantarse a las 4:00 de la madrugada para hacer el recorrido a pie en la oscuridad desde Aguas Calientes (donde pasé la noche) hasta la cima del Machu Picchu (1,15 horas de subida) y Waynapichu (sólo 1 hora más de subida) para poder observar esas vistas y sentir la espiritualidad del lugar, con esos enormes cerros a su alrededor que impedían la llegada de los enemigos. Se mantuvo en silencio muchos años después de su abandono por la civilización Inka, conocida sólo por campesinos del lugar, hasta que el norteamericano Hiram Bingham a cambio de unos soles redescubrió el lugar. Y hoy, podemos admirar y conocer algo más sobre esa cultura Inka que fascina y que no deja indiferente a todos aquellos que la visitan.


Todo fue maravilloso: conocí a gente encantadora como Miriam y Fabiana (madre e hija chilenas) con quién subí y bajé el Waynapichu a pie (que según ellas era su inspiración para llegar a la cima), Pablo y sus amigos brasileños que volví a encontrarme en la cola para conseguir el turno de las 10:00 a.m., el guía Francisco que nos explicó con todo detalle toda la historia y ruinas que veíamos; los argentinos y peruanos que se tomaron fotos conmigo en la cima porque decían que era muy simpática (¡Oh, oh!); y la poca gente que había, que permitía disfrutar más del lugar, al ser época de lluvias y al estar el camino Inka cerrado por rehabilitación. Pero, por supuesto, como buena época de lluvias, la neblina nos acompañó casi toda la mañana y las lluvias no nos abandonaron desde la bajada del Waynapichu hasta la llegada a Aguas Calientes para tomar el tren de vuelta a Cuzco (4 p.m.). Hacía tiempo que no me mojaba tanto, pero es que el camino Inka de bajada se había vuelto un río natural, por lo que llegué chorreando de arriba abajo (nada se salvó). La vuelta en tren fue muy divertida donde conocí a Jose y Marco, dos brasileños muy simpáticos con los que me reí mucho, una lástima que decidieran marchar en bus a mitad de camino para llegar antes, no tuvimos tiempo de intercambiar correos, pero así es la vida del viajero: conoces a mucha gente pero desgraciadamente no mantienes el contacto con la mayoría de ellos.

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