18/2/09

LAGO TITICACA


14 de febrero - 17 de febrero

Desde la salida de Arequipa con Tracy (australiana con la que coincidí en el trekking del Colca) hasta la llegada a Bolivia, todo fue una experiencia sorprendente y curiosa.

Empezamos el viaje el 14 de febrero a las 7:15 horas de la mañana en el colectivo que nos llevaría a Puno. Sin embargo, en este país los buses no salen hasta que están completos, por lo que tuvimos 1 hora de retraso. Finalmente, al iniciar nuestro viaje, un señor llamado Juan, con muchas disculpas previas y reconociendo que todo viajero quiere hacer el trayecto en tranquilidad (pero sin dejar de callar), nos relató un monólogo sobre los suicidios y las mujeres: que nadie debe suicidarse por amor, porque la vida es linda y si él/ella no te quiere ya habrá otra, bla, bla, bla.....una hora más tarde supimos el motivo de tanta charla: ¡para vendernos unas miseras chocolatinas! Pero el mejor de todos vino más tarde, en una de las miles paradas del camino, entró un chico que vendía libros, pero como por supuesto el precio era superior al anterior, el rollo que nos metió fue de campeonato. Asimismo, en este caso, nos explicó el contenido de cada uno de los libros que formaban una colección de 3. Y no os perdáis el capítulo 9 del libro vitaminas sobre el aborto. Se puso en la situación del feto y, desde el inicio de su vida: que a las tres semanas ya tenía ojos aunque no boca y dedos, qué feliz que era por estar vivo, ... hasta sus preguntas de por qué iba su mamá al médico (¿estaría malita?), ¿por qué había tanta sangre? pero mamita si el iba a ser el mejor hijo del mundo..... en este momento me dormí.

Llegamos a Puno con el tiempo justo para tomar el último bus hacia la frontera (que cierran a las 8 p.m) con Bolivia. Lo cierto es que el paso por la frontera fue muy sencillo, llegando a Copacabana 10 minutos más tarde. Allí pasamos la noche y fuimos a cenar trucha a la plancha y en el restaurante nos encontramos con Richard y Marlene que habían tenido experiencias aún más extrañas, ya que perdieron el último bus. Al día siguiente nos dirijimos hacia La Isla del Sol donde pasaríamos una noche en un hostal sencillo pero con unas vistas impresionantes del Lago Titicaca. Después del trekking por el Colca nos sentíamos fuertes y seguros, así que hicimos el recorrido de toda la isla del sur al norte y vuelta al sur en un mismo día (6,30 horas de caminar).



El paisaje era precioso, pero nadie te explica antes de llegar que debes pagar por cada Comunidad que visitas (5 bolivianos, es decir, 70 céntimos de euros), cada entrada a las ruinas (10 bolivianos) y por cada foto que tomas a algún lugareño ó animal de alguien (a partir de 1 boliviano) y, por supuesto, no es por el precio, sino por la desinformación. Igual que si sólo tomas el barco de ida, la vuelta te costará el doble porque como no tienes más remedio que abandonarla tarde o temprano, piden lo que quieren. Lo cierto es que se montaban unas conversaciones algo elevadas de tono con la llegada de los turistas... pero así y todo valía la pena. Sin embargo mis otros compañeros se pasaron más tiempo en hablar que en disfrutar del camino, por lo que al día siguiente se querían ir corriendo hacia La Paz. Yo, en cambio, decidí quedarme hasta la tarde y aprovechar el maravilloso día para visitar el resto de ruinas y disfrutar del paisaje.

A la tarde, hicimos un grupo para intentar salir antes de la isla (eran las 2 p.m.), ya que el primero partía a las 3:30 p.m. y debía pasar la frontera antes de que cerraran. El barco salió a las 3 p.m. (poco ganamos) y a medio camino se quedó a la deriva. Tras muchos intentos volvió a arrancar y finalmente llegamos a Copacabana (5 p.m.) sin más percances. El puerto parecía otro al del día anterior, con ese sol, sus vivos colores, los numerosos hippies en la calle vendiendo cosas, .... todo parecía diferente. Me informé sobre los buses y como no quería esperar hasta las 7 p.m me fui con el micro local hasta la frontera desde donde cogería un moto-taxi que me llevaría a Yunguyo para el siguiente colectivo a Puno. Tenías ganas de pasar la frontera sola y, como ya sabía que se debía hacer, no supuso ningún problema, a excepción de los piquetes a medio camino, por lo que el último kilómetro lo tuve que hacer a pie con la mochila a la espalda. El micro desde Yunguyo también fue otra nueva experiencia que tardó más que lo deseable, ya que al no cerrar la puerta del equipaje debíamos ir mirando que no se cayeran las maletas, por lo que cada poco tiempo nos parábamos.









Llegué a Puno a las 8:30 p.m. con unas ganas locas de irme a dormir y descansar para el día siguiente. No sabía qué hacer si marchar por la mañana hacia Cuzco ó visitar las Islas Flotantes (juncos flotantes de totora) y la ciudad de Puno; finalmente, me decidí por esta última opción, aunque me habían dicho que las Islas Flotantes era todo un comercio ya que no se vivía en ellas y los Uros hacía tiempo que ya había muerto el último, por lo que ahora algunos Aymaras iban antes que los turistas a preparar el escenario para el teatro que se desarrollaría unas horas más tarde. Así y todo, me gustó verlo y conocer como en algún tiempo si vivieron de esa forma. Además compré un precioso tapiz hecho a mano por 50 bolivianos (6 euros) que me sirvió de manta en el autobús de ida a Cuzco.


















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