2 de febrero - 6 de febrero de 2009
Llegué a Iquitos a las 6:00 de un martes con un sueño terrible, después de haber pasado todo el día en autobús desde Trujillo a Lima y sin apenas dormir ya que, por unas horas, decidí ir directamente al aeropuerto. El guía que nos esperaba era de lo más curioso, Llako, no más alto de metro cincuenta y con tantas ganas de caer bien que resultaba algo pesado. Nos llevaron al Hotel Victoria Regia donde esperamos hasta nuestra salida al puerto, allí conocí a Alan y Sonia(un matrimonio mormón de Yuta que habían ido en busca de piel de anaconda superior a los 8 metros -me invintaron a visitarlos si en algún momento paso por ahí). El albergue era de lo mejor que se puede encontrar en los alrededores, con luz artificial de 18-22 horas y baño privado en cada habitación. Al ser época de lluvia había muy pocos turistas así que los encargados se desvivían por hacernos sentir bien. Han sido unos días relajados y tranquilos que he aprovechado para leer en inglés, disfrutar de la naturaleza y la gente, así como de la música de Fredi con su guitarra española.
Llegué a Iquitos a las 6:00 de un martes con un sueño terrible, después de haber pasado todo el día en autobús desde Trujillo a Lima y sin apenas dormir ya que, por unas horas, decidí ir directamente al aeropuerto. El guía que nos esperaba era de lo más curioso, Llako, no más alto de metro cincuenta y con tantas ganas de caer bien que resultaba algo pesado. Nos llevaron al Hotel Victoria Regia donde esperamos hasta nuestra salida al puerto, allí conocí a Alan y Sonia(un matrimonio mormón de Yuta que habían ido en busca de piel de anaconda superior a los 8 metros -me invintaron a visitarlos si en algún momento paso por ahí). El albergue era de lo mejor que se puede encontrar en los alrededores, con luz artificial de 18-22 horas y baño privado en cada habitación. Al ser época de lluvia había muy pocos turistas así que los encargados se desvivían por hacernos sentir bien. Han sido unos días relajados y tranquilos que he aprovechado para leer en inglés, disfrutar de la naturaleza y la gente, así como de la música de Fredi con su guitarra española.
De vuelta a Iquitos he aprovechado para visitar la ciudad y el barrio de Belén (la llamada "La Venecia del Amazonas"). Su mercado, con olores que resucitan a los muertos y, casas flotantes en aguas contaminadas y sucias, donde los niños nadan y pescan. Paseando en canoa por sus calles inundadas (de junio a agosto es época seca y son transitables a pie) observas la vida cotidiana de esta gente; donde una piel de anaconda de 8 metros vale más que una de sus casas (aprox. 700 soles). Ha sido un paseo muy interesante pero triste a la vez.
A partir de ahora, pensad que en todas mis fotos aparecerá un nuevo amigo, Willy, un pequeño mosquito que ha decidido viajar alrededor del mundo conmigo (ya que no sé como sacarlo de dentro). Así que cuando veáis mis fotos, debéis buscar a Willy ya que sale en todas ellas, con sus múltiples disfraces, intentando camuflarse lo mejor que sabe.
Por cierto, se me olvidaba comentar que a las mujeres del mundo no se les os ocurra venir a vivir aquí. Si en algunas culturas se permite tener tantas mujeres como se puedan mantener (como la mapuche -aunque me sigo quedando con los moches-); en este caso, no sólo se permite tener más de una sino que además, después puedes abandonarlas a su suerte sin tener que pasarles manutención por los hijos, por lo que la mayoría se dedican al tráfico de su cuerpo. ¡Una vergüenza! ¡Aquí la mujer vale menos que una alpargata! ¡Estoy super indignada!
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